viernes, 15 de febrero de 2013

El recuerdo de la guerra de Bosnia (o su parecido con nuestras guerras cotidianas)




(Fotografía: Gervasio Sánchez. Extraída de "El Huffington Post")

El horror de la guerra sobrepasa cualquier otra situación de conflicto. Sin embargo, aunque ocurre a una escala mucho mayor y los daños pueden llegar a ser desmesurados, una situación de guerra guarda mucha similitud con una situación de conflicto o con un problema que nos pueda ocurrir en nuestro día a día, siempre, por supuesto, guardando las distancias. En un problema cotidiano también se producen daños, víctimas y daños colaterales pero sin llegar necesariamente a niveles trágicos o de muerte.


La resolución de un problema cotidiano entre personas o empresas pasa muchas veces por adoptar los métodos de resolución utilizados para la resolución de conflictos políticos o incluso bélicos. Un problema cotidiano no deja de ser una especie de guerra de pequeño tamaño que afecta a las emociones, a las relaciones personales y de convivencia  y muy a menudo, a cuestiones económicas. Para la resolución de problemas en nuestra vida se suelen utilizar los métodos utilizados en la resolución de conflictos políticos y de guerras. La diplomacia, el diálogo, la negociación, el alcanzar pactos y acuerdos son aplicables en todos los niveles.

Todos los conflictos, sean grandes o pequeños, violentos o no, guerras o simples discusiones diarias siempre dejan heridas que tardan en cerrarse o en cicatrizar y que en muchos casos dejan marca para siempre. El deber de quienes nos dedicamos a ayudar a resolver problemas, a la gestión y resolución de conflictos, es enseñar a las personas involucradas a construir el futuro, su futuro, sin olvidar ni ignorar las heridas ya cerradas, pero sin dejar que estas sigan afectando a nuestra nueva vida en común tras una guerra o tras un problema ya bien encauzado.

Este reportaje que se enlaza a continuación, emitido por el programa “En portada” de TVE en agosto de 2012, analiza el periodo después de la guerra en Bosnia, casi veinte años después de su finalización. Habla de una gran cicatriz en plena ciudad de Sarajevo: la destrucción de su biblioteca nacional, símbolo de la multiculturalidad y de la convivencia en la ciudad. Aunque fue reconstruida posteriormente con fondos europeos, la marca dejada por lo ocurrido tardará mucho en borrarse. Esta y otras historias deben tenerse en cuenta a la hora de afrontar el futuro tras un conflicto, ya sea  una guerra o ya sea un problema familiar, empresarial o entre vecinos.

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